En diálogo con la historia del movimiento feminista y la coyuntura actual a nivel nacional en lo que respecta a la organización del 8M; abrimos la reflexión sobre las metas alcanzadas, las deudas pendientes y nuestra tarea como feministas ante un Estado patriarcal.

 

Sacar la historia de abajo de la alfombra. El porqué del 8 de Marzo

Si bien desde fines del siglo XVIII han sucedido diferentes movimientos de resistencia y lucha femenina, el feminismo como movimiento colectivo organizado así como vinculado a acciones orientadas exclusivamente a la conquista de derechos, podríamos situarlo en el siglo XIX. Sabemos, por lo tanto, que las mujeres han estado presentes en las reivindicaciones políticas y sociales; desde la Revolución Francesa, pasando por las dos Guerras Mundiales, la Revolución Cubana, el Mayo Francés o la Guerra de Vietnam, entre todos los conflictos políticos y económicos que han construido la historia del mundo moderno y postmoderno. Sin embargo, poco registro hay de la participación femenina y de las organizaciones y agrupaciones de mujeres en la lucha por el acceso a la educación y al trabajo y de mejores condiciones laborales en un mundo de creciente y salvaje capitalismo.

En el año 1977 l​a Organización General de Naciones Unidas (ONU) instauró el 8 de Marzo como el Día internacional de la Mujer. En este día se conmemora la lucha de la mujer por una igualdad de condiciones económicas, sociales y culturales con el hombre y su desarrollo íntegro como persona. Diferentes hechos colaboran con la reivindicación de esa fecha; el relato más conocido mantiene la historia de 1908, cuando en la fábrica textil Cotton de Nueva York se produjo un incendio que se llevó la vida de mujeres trabajadoras que se encontraban realizando una huelga debido a las precarias condiciones laborales en las que se encontraban. Sin embargo, la reconstrucción de una historia no difundida y formalmente solapada como la de las mujeres nos muestra que, previo a este acontecimiento, sucedieron varios hechos que hablan de la situación de injusticia y desigualdad que desde entonces ya vivían las mujeres, así como también su de su gran capacidad de organización y lucha colectiva:

 

  • Ubicándonos en Estados Unidos de 1853, 21.000 personas trabajadoras de los talleres Preston, de las cuales el 55,8% eran niñas menores de 13 años, protagonizaron huelgas. En 1867, también en el mes de marzo, tuvo lugar una huelga de planchadoras de cuellos de la ciudad de Troy llevando a la conformación del primer sindicato. En 1908 bajo el slogan “Pan y rosas” se manifestaron 15.000 mujeres en Nueva York exigiendo recorte del horario laboral, mejores salarios, el derecho al voto y el fin del trabajo infantil.
  • En Alemania, el 17 de agosto de 1907 se realizó la I Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas donde Clara Zetkin fue nombrada Secretaria Internacional de la Mujer. La segunda Conferencia fue celebrada en 1910 en Dinamarca, donde más de 100 mujeres aprobaron declarar el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer.
  • Si nos situamos en la Argentina, en 1891, 1901 y 1904 se llevaron adelante huelgas de trabajadoras del servicio doméstico; mientras que en 1906 las fosforeras de Barracas, Avellaneda y Paraná iniciaron una lucha obrera que logró una asociación que las represente y en 1907 se organizaron las obreras telefónicas para pedir mejoras salariales. Tiempo después, en 1936 se creó la Sociedad de Obreras Costureras de Confección en General y en 1941 se logró la sanción de la Ley de Trabajo a Domicilio.

Estos son algunos eventos que nos indican que la historia nunca ha sido generosa con el colectivo femenino, volviéndose esta mitad de la humanidad cada vez más invisibilizada y vulnerada en la conformación de sociedades donde los hombres ocuparían el mundo público y las mujeres un mundo privado a merced de éstos. Frente a esto, las principales demandas de “primera ola” se basaron principalmente en la igualdad jurídica, siendo que las mujeres eran consideradas inferiores a los hombres en las normas jurídicas que regían a los países; por otro lado, en el derecho al sufragio: votar y ser votadas; por último, en el derecho a la educación y el reconocimiento de la maternidad a partir de la ayuda estatal por hijo/a.

En este marco, el Día Internacional de la Mujer sancionado en 1977 busca legitimar los derechos adquiridos a partir de la organización y la lucha colectiva de las mujeres, así como visibilizar cuánta sangre se ha derramado en pos de los mismos. Instaura así una lucha aún vigente, la del reconocimiento del lugar de la mujer en ámbitos de trabajo con iguales derechos que los de los hombres.

 

La desigualdad tiene origen: las mujeres y el mundo laboral en Argentina. Luchas inacabadas

Podríamos decir que las mujeres han conformado la pirámide laboral de Argentina desde la época post independentista sin ningún reconocimiento a sus aportes, siendo además solicitadas para el mantenimiento del hogar, la crianza y la guerra. Ya en el censo nacional de 1869 quedaba demostrado que las mujeres trabajaban como lavanderas, costureras, planchadoras, cigarreras y panaderas; llegando en los últimos años del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX a conformar una amplia población al interior de las fábricas y talleres (Calvera, 1990).

Sin embargo, la invisibilización de los aportes de las mujeres al mundo del trabajo recae en la decisión de aquello que se considera trabajo y lo que no. Las ocupaciones mencionadas, con la extensión de las sociedades capitalistas y la incorporación de la figura de “asalariado”, dejaron de considerarse “trabajo” y pasaron, como en el censo de 1895, a convertirse en “actividades”. Esto significó la desaparición de las mujeres como personas trabajadoras en los censos, del mismo modo que tampoco figuraban como domésticas porque el trabajo en el hogar ha quedado siempre por fuera de todas las mediciones censales. No fue hasta 1980-1990 que algunas demógrafas y sociólogas feministas empezaron a cambiar las preguntas en los censos pudiendo visibilizar a todo un sector de la población que efectivamente trabajaba y no era reconocido.

Asimismo, en el marco de las fábricas y talleres, si bien las mujeres trabajaban en igualdad con respecto a los hombres; cumplían entre 9 y 10 horas como ellos, las diferencias eran grandes. No sólo cobraban entre un 30 y un 50 % menos, sino que además se les sumaba la carga de los quehaceres domésticos al volver a las casas. Por otra parte, las mujeres, además, sufrían situaciones de acoso tanto por parte de sus jefes como de sus compañeros.

En línea con los movimientos de mujeres de Europa y Estados Unidos, las mujeres en Argentina se han organizado desde finales del siglo XIX, siglo en el cual el código civil ya se encontraba vigente y sancionaba su inferioridad jurídica. Esto provocó diferentes acciones femeninas para revocarlo a partir de la adhesión al feminismo de las mujeres socialistas y librepensadoras. Estos movimientos pusieron en marcha cuatro demandas fundamentales: la remoción de la inferioridad civil, la obtención de mayor educación, el auxilio a las madres desvalidas y el sufragio (Barrancos, 2014). Cabe destacar que la punta de lanza de las reivindicaciones feministas en Argentina fueron las pésimas condiciones laborales que ofreció la construcción del mundo laboral de las mujeres en las sociedades modernas, a partir de un patrón de discriminación salarial apoyado en una valoración desigual de las habilidades y en la concepción de que el salario femenino es complementario al masculino.

En este sentido, nos resulta importante repensar el supuesto destino natural de las mujeres y el modo en que la biologización ha logrado la justificación indiscutida de los roles socialmente asignados para varones y mujeres, así como la invisibilización de otras formas posibles de identidades sexogenéricas.

 

La naturaleza como destino (in) discutido

En el marco de la construcción de un mundo moderno bajo la ley de un sistema patriarcal, el trabajo de la mujer se restringía al cuidado del hogar y su familia: el ámbito privado. Se instala así una forma de enmascarar a estas actividades como propias de un “instinto natural” que, por lo tanto, no se consideraban trabajo y por eso no serían remuneradas ni analizadas como una parte de la esfera económica, siendo que su valor económico sólamente sería medido en cuanto estas actividades fueran tercerizadas.

El acceso a diferentes puestos de trabajo fue una construcción que se inició con una disparidad claramente estipulada en favor de los hombres. La división de tareas del ámbito privado condicionó el tiempo que la mujer debe repartir para poder desarrollarse en el ámbito laboral, lo que implica que las mujeres que puedan pagarle a otras mujeres por el trabajo del hogar, logren dedicar ese tiempo a su formación o desarrollo profesional. Si bien las mujeres han ido organizándose en pos de la demanda de iguales oportunidades, las normas y prejuicios implícitos que condicionan sus vidas en todos los ámbitos, han logrado que las desigualdades persistan hasta el día de hoy; son mayoritarios los puestos de poder y decisión ocupados por hombres mientras que las mujeres se encuentran en cargo menores y mal remunerados. Esta diferencia es conocida como “techo de cristal” es decir, ​“una barrera organizacional, vertical, transparente y efectiva que hace, que aunque ellas cuenten con preparación y experiencia, se estanquen y sólo logren llegar a los niveles medios”.

Es notable como además de la vivencia de estas desigualdades, tanto en el ámbito laboral como en el doméstico, las mujeres han sido responsabilizadas por dichas desigualdades y violencias machistas. Sus vidas han pautadas para cumplir con los roles de esposas y madres bajo la fundamentación de un “destino natural” vinculado inevitablemente a un cuerpo con posibilidades de gestar; sin posibilidades de formación ni crecimiento, silenciando sus voces y vaciando sus vidas de sentido y de reconocimiento.

Con toda la historia a cuestas, rompiendo con los paradigmas hegemónicos que han marcado las vidas y cuerpos de las mujeres es que se gesta un nuevo paro internacional, cargado de nuevos sentidos y resignificando luchas intrínsecas a las discusiones feministas. La actualidad presenta nuevas formas de pensar la presencia del feminismo en las bibliotecas y en las calles así como también, las resistencias y violencias se recrudecen frente a un movimiento que no se detiene.

 

Un paro internacional: el movimiento de mujeres, lesbianas, travestis y transexuales en las calles

Desde hace tres años el 8 de marzo ha cobrado mayor fuerza y se ha ido resignificando. Se ha establecido ese día como un paro masivo e internacional de mujeres y, habiéndose revisado internamente, ha logrado por fin incluir a lesbianas, travestis y transexuales.

El Paro Internacional de Mujeres se ha resignificado a partir de un contexto social, económico y político plagado de desigualdades y todo tipo de violencia machista. Desde el rechazo hacia el acoso, las violaciones, los lesbicidios, femicidios, transfemicidios y todas las formas de explotación y violencia que se ejercen a diario sobre las mujeres, lesbianas, travestis y transexuales es que se convoca a participar activamente desde las calles y a partir de la visibilización de todas las tareas que ejercemos en un marco de explotación y violencia constante.

Crece en este paro y movilización la exigencia por la implementación efectiva de la Ley de Educación Sexual Integral en todo el país, la aprobación de la Ley de Aborto Legal, Seguro y Gratuito, la ampliación del presupuesto dirigido a la prevención y acción sobre la violencia de género, la restitución y reparación de los pueblos originarios y cultura afrodescendiente, el reconocimiento de las luchas populares, la liberación de todxs lxs presxs políticxs. Nos encontramos frente a un Estado y un sistema judicial patriarcal que continúa disciplinando nuestros cuerpos a partir de la adopción de creencias y normas eclesiásticas que atentan contra los derechos humanos y, por sobre todo, contra la soberanía sobre nuestros propios cuerpos.

A lo largo de este artículo nos hemos centrado en reconstruir algo de la historia de las mujeres en el mundo del trabajo, de la identificación del 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer, así como de dar luz a las acciones políticas que dieron lugar a que hoy nos encontremos más organizadxs y más fortalecidxs frente a un sistema patriarcal que se vuelve cada vez más violento y excluyente. Hoy el sentido del paro mantiene las reivindicaciones que ya en el siglo XIX las mujeres exigían en las calles, denuncia las desigualdades que ya en esa época eran denunciadas y visibiliza otras injusticias y violencias que se han vuelto cada vez más crueles y perversas.

Poco hemos podido decir sobre la historia del colectivo travesti y trans en el mundo del trabajo, precisamente porque estas son las personas que siempre han quedado por fuera de los márgenes, habitando ese no lugar que es la exclusión de la exclusión. Aquello que ha sido estigmatizado y violentado a lo largo de la historia al punto tal de negarlo y silenciarlo. Sin embargo, las mujeres, lesbianas, travestis y transexuales nos hemos organizado, nos convocamos para establecer vínculos de protección frente a una violencia que se retroalimenta en una dialéctica de los ámbitos público y privado, a partir de un sistema que avala esas acciones con la construcción de sentidos y valores que colocan a los hombres en un lugar de privilegio e impunidad.

Los cuestionamientos persisten frente al avasallamiento constante sobre los derechos, porque las instituciones encargadas de la protección y defensa de mujeres, lesbianas, travestis y transexuales aún mantienen formatos patriarcales. Evidenciar estos hechos naturalizados por gran parte de la población conlleva un trabajo militante constante por parte de las organizaciones feministas. El Estado es el principal responsable de la violencia machista y de un sistema patriarcal que nos oprime, pero es nuestra obligación inevitable dar luz a cada injusticia y a cada violencia, porque juntxs y organizadxs somos capaces de revolucionar y transformar todo el mundo.

 

Por: Karina Agüero y Mariana Funes

Categorías:Editoriales

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *