Marzo de 2018…

Cuando en marzo de 2018, durante la 136° apertura de sesiones del Congreso de la Nación, el Presidente Ingeniero Mauricio Macri anunció la creación de una reserva ambiental en Campo de Mayo, muchos supusimos que, como es habitual entre los presidentes del mundo, su anuncio significaba tan solo una propuesta. Mientras tanto, también sabíamos que dicho anuncio se convertiría en proyecto de ley que se presentaría ante el poder legislativo para ser discutido y aprobado, ya que, en las democracias esa es una de las funciones del poder legislativo: escuchar las propuestas del ejecutivo para aprobarlas o no. Pero no fue así, unos días después supimos que el presidente había firmado un decreto para su aprobación sin discusión.

Este decreto nos lleva a pensar si es que ¿un ingeniero presidente presupone que una nación se organiza, gobierna y gestiona con las leyes de la termodinámica? O será que nadie le enseñó a jugar al ajedrez al presidente que alguna vez fue un niño rico y por eso no sabe que se juega con otro jugador. Desde que asumiera hace más de tres años la discusión, contenido y riqueza intelectual, además de otros tipos de riqueza, se van perdiendo. Es entonces que me hago la siguiente pregunta elemental ¿para qué anunció el proyecto en el Congreso si después iba a firmar un decreto?

Desde hace tres años, la mayoría de la población viene a menos, sin embargo, hay algunos pocos que vienen creciendo. El vídeo (no oficial) que circula como anuncio de la transformación que pretenden hacer en Campo de Mayo no deja lugar a dudas de la jugosísima maniobra inmobiliaria que están pergeñando. Posiblemente sea el desarrollo inmobiliario más importante del país: ocho mil hectáreas en el conurbano Norte. Hoy en Bella Vista, lindante con Campo de Mayo, el metro cuadrado de tierra se cotiza alrededor de los trescientos dólares. Sin embargo: esas ocho mil hectáreas no podrán venderse en su totalidad. Mil de ellas se destinarán a un relleno sanitario del Ceamse; algunas más para el Ejército; otras destinadas para espacio público y el infaltable Metrobus de las gestiones macristas, entre otras.

Si la mitad de esas 8 mil hectáreas son vendidas, y cada hectárea se compone de diez mil metros cuadrados, y suponiendo que su rapiña no sea tan obvia vendiendo cada metro cuadrado a 200 dólares en lugar de 300, entonces hablamos de ocho mil millones de dólares
(U$ 8.000.000.000.).

Entre otros de los puntos también incluidos en el decreto firmado se habla también de honrar la memoria. Dicha inclusión nos hace pensar que se cederán las tierras del Campito, el Centro Clandestino de Detención (CCD) del Ejército que compite con la Ex Escuela de Mecánica de la Armada en materia de secuestros y que supera ampliamente a este en porcentaje de personas asesinadas. Sin embargo, en el plano del proyecto presentado, la línea divisoria entre la zona de uso militar intensivo y el espacio de nuevos destinos, pasa justamente por el medio del CCD. Al mismo tiempo, hubo gente que se apresuró a completar los requisitos legales y ya se puso al frente de la larga fila de interesados en negociar estas tierras con el gobierno.

Si Cristina le hablaba a los suyos, entonces Mauricio Macri está cayendo en el mismo error. El vídeo presentado es para un público exclusivo particular, como el habitante de Nordelta. En días pasados le mostré el vídeo a una señora que me dijo “¡qué precioso! Hay que ver cuánto cobran de expensas…” Claro, porque la simbología, la estética, y el  target al que apuntó el publicista es el del posible futuro cliente, justamente el de barrios cerrados donde la familia presidencial tiene amplia experiencia. Por ejemplo, en las tierras linderas al Camino de Buen Ayre en Bella Vista en el sitio donde se encontraba La tosquera y el mismo lugar donde una de las empresas constructoras de Macri sacó el material para nivelar los bajos por donde corre dicho camino, ya se construyeron barrios cerrados de altísimo valor.

El vídeo, el decreto, el proyecto y la forma de comunicarlo interpela a otro público, no a los que vemos a todo Campo de Mayo, y no solamente el CCD del Campito, como evidencia y prueba en los juicios de lesa humanidad que se siguen sucediendo. Todavía no concluyeron las causas y no queremos que pasen topadoras ni construyan casonas pretenciosas sobre lugares donde podrían estar los cuerpos de nuestros compañeros y familiares. Solo un 40% del espacio delimitado por la justicia como el Campito ha sido excavado. Falta el 60 % y el total de las otras locaciones en las que ni siquiera se empezó, y seguramente otras nuevas que vayan apareciendo a medida que los juicios avancen y la gente testifique lo que sabe.

Pienso que si se quiere intervenir sobre Campo de Mayo no puede ser por decreto, sino luego de una profunda discusión en las Cámaras donde se tenga en cuenta a los Organismos de Derechos Humanos y muy especialmente al Equipo Argentino de Antropología Forense.

Por: Gabriel Alonso Abinet

Edición: Fernando León

Categorías:Editoriales

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