La Universidad nació como institución de las elites, comunidad de sabios que impartían el saber sólo a algunos selectos que serían los gobernantes y protectores de la ley en Europa. Desde el siglo XII el paradigma de la educación superior se centró en un academicismo exclusivo de ciertos hombres.

Viajando rápidamente en el tiempo podemos observar el modo en el que este paradigma empezó a transformarse, lenta y dolorosamente, ampliamente resistido por las clases más poderosas. Y esto se complejizó aún más cuando las universidades empezaron a llegar a los barrios del conurbano bonaerense. Desde la creación de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora y la Universidad Nacional de Luján como las pioneras, hasta la fundación de la Universidad Nacional de José C. Paz en 2009; nadie asumió que de verdad estas instituciones albergarían a la clase trabajadora. Algunos sectores sostuvieron la convicción de la inutilidad de otorgar recursos para estas casas de estudios que se anclaban en las zonas más vulnerables del país.

En muchos casos, ni la propia comunidad de esos barrios consideraron a la universidad como horizonte de posibilidad y, ¿cómo iban a hacerlo?, si toda la vida les dijeron que su destino era otro muy diferente al del conocimiento. Recuerdo que mis propixs vecinxs en San Martín dieran por sentado que la UNSAM era privada, sin siquiera acercarse a ver si esto era así. Dieron por supuesto que no era para nosotrxs. Porque caló hondo siempre el discurso de que los hombres y las mujeres pobres no pueden llegar allí, que las clases trabajadoras son eso: trabajadorxs, y entonces el conocimiento sería en vano.

Sabemos que la educación de calidad siempre fue para unxs pocxs, porque ¿para qué queremos que piensen lxs más pobres? En este plano, las Universidades del Conurbano Bonaerense conforman otra realidad posible. Otra oportunidad. Otro destino. Allí donde había terrenos y fábricas abandonadas, ferrocarriles y talleres en desuso post privatización, se levantaron futuros diferentes.

La Universidad comenzó a ser del pueblo, no de las elites. Abrió sus muros y salió a conocer la vida de la gente y responder a sus necesidades. El conocimiento empezó a circular, a socializarse, pero fundamentalmente, a democratizarse. La historia de la educación superior comenzó a transformarse, ofreciendo a la educación pública condiciones más dignas para que el pensamiento se abra, fluya, circule.

Sabemos también que la educación es la vía de libertad de las personas. Cuando se accede al conocimiento de calidad, crítico y reflexivo, ya no hay vuelta atrás. Y eso no les gusta a lxs antiderechos. Precisamente porque la educación es un derecho universal y asumirla de esa forma obliga a que sea una prioridad en la política y el presupuesto público.

La Gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal expresó lo innecesario de tantas universidades en las zonas del conurbano bonaerense ya que nadie que nace en la pobreza llega a las universidades. Es lógico, para ella nadie que nace y vive en la pobreza vale, nadie que nace y vive en la pobreza puede ni DEBE pensar ¿A quién se le ocurre que lxs pobres piensen?

En este marco, las universidades nacionales están en crisis, profunda crisis. Ideas como las de la Gobernadora son las que hoy conducen este país, sumergiendo en la precariedad a toda la comunidad educativa, para que estudiar deje de ser una opción.

En el caso puntual de UNSAM, la prioridad para el gobierno es una empresa privada y por eso intenta quitarle terreno a la Escuela Secundaria Técnica de la Universidad que se emplazaría allí. Cosa no menor, considerando que esa escuela significa que lxs pibxs del barrio salgan de la basura y estudien en una realidad que construyan como futuro posible.

De lo que no se percataron quienes representan una concepción de la educación como servicio, como mercancía y no como derecho, es que las comunidades de los barrios ya pudieron vivir la importancia de que la universidad pública esté cerca. No se percataron de que las clases trabajadoras ya conocen lo que es construir y proyectar una Universidad popular, que sea de calidad, para todxs.

Es por esto que no hay vuelta atrás. La Universidad es de lxs trabajadorxs y al que no le gusta, SE JODE.

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