Venezuela atraviesa una crisis política, social y económica innegable, sin embargo, la coyuntura actual deja claramente en evidencia el posicionamiento de Estados Unidos sobre América Latina y el Caribe.

De acuerdo con un informe de la empresa energética British Petroleum (BP), Venezuela tiene la reserva  de petróleo más grande del mundo: posee el 17,9% de las reservas mundiales, equivalentes a 296.500 millones de barriles, frente a los 265.400 millones de Arabia Saudita. Además, Venezuela  es miembro fundador junto a Irak de la OPEP (Organización de países exportadores de petróleo), que está conformada por 15 países

Al igual que otros países de la región, Venezuela cuenta con una gran cantidad de reservas y recursos naturales, además del petróleo: agua, la productividad de la tierra, y la elevada capacidad de generar productos a partir de esa materia prima. La obtención de estos recursos naturales, valiosos y escasos parece ser una de las causas por las cuales los intereses imperialistas sobre Venezuela no dejarán que la gallina de los huevos de oro quede en otras manos que no sea en las de ellos.

Desde hace unos años, Estados Unidos (el Imperio del Norte) parece configurar su estrategia de poder internacional utilizando el establecimiento de bases militares en toda la región. Además de ello, dicho país históricamente ha promovido y apoyado todo tipo de desestabilización en contra de gobiernos populares en el continente. Entre las maniobras desestabilizadoras ahora se suman nuevas modalidades de golpes de Estado: golpes parlamentarios, juicios políticos sin pruebas y juicios exprés de 24 hs. El precedente podría situarse en 2009 con el golpe de Estado al gobierno de Manuel Zelaya en Honduras. Para mencionar otros ejemplos de este tipo de accionar:

2010: Intento frustrado de golpe de Estado al gobierno de Rafael Correa en Ecuador.

2012: Destitución de Fernando Lugo en Paraguay

2012: Intento de desestabilización al gobierno de Evo Morales en Bolivia

2016: Golpe de Estado parlamentario a la presidenta Dilma Rousseff en Brasil.

Dicha estrategia parece continuar en el caso venezolano.

En Venezuela, los Estados Unidos inventan y promueven un candidato como Juan Guaidó, quien se autoproclama presidente con el apoyo del “Grupo de Lima”, el cual es conformado por 14 países en su  mayoría con una política  colonial y neoliberal, servil a los EEUU. Si bien la mayoría de los países que conforman Grupo Lima reconoce a Juan Guaidó como presidente, ni México, que hace unos días llamó a repudiar el golpe parlamentario, ni Guatemala, Guyana y Santa Lucía, reconocen a Guaidó como el gobernante legítimo de Venezuela.

Por otra parte, el gobierno de Macri rompe con la tradición argentina de no intromisión en la autodeterminación democrática de los pueblos y aún menos en un contexto concreto en el que el gobierno de Donald Trump amenaza con utilizar cualquier tipo de método para derrocar a Nicolás Maduro, incluyendo una posible intervención militar.

Venezuela atraviesa una crisis política, social y económica innegable, sin embargo, la coyuntura actual deja claramente en evidencia el posicionamiento de Estados Unidos sobre América Latina y el Caribe.

Igualmente, el abordaje de la actualidad venezolana guarda mucha similitud con periodos anteriores. Hasta el 5 de marzo de 2013, día en que muere el comandante Hugo Chávez, los argumentos eran los mismos que se esgrimen en la actualidad: dictadura, corrupción, etc. Sin embargo, los indicadores políticos, económicos y sociales contrastan con dichas categorías.

En el periodo presidencial de Chávez, su gobierno logró reducir la pobreza del país a la mitad, pasando del 62,1% de 2003 al 31,9% de 2011, según los últimos datos del Banco Mundial. Hasta 2013 Venezuela era el país con menor desigualdad y con la distribución de la riqueza más justa de América Latina, según el coeficiente Gini (índice internacional que  mide la diferencia de ingresos entre ricos y pobres). El coeficiente Gini oscila entre el 0 (perfecta igualdad) y el 1 (máxima desigualdad). En ese sentido, el índice de Venezuela pasa de 0,49 en 1998, a diez décimas menores, 0,39, en 2011, según el Programa de la ONU para los Asentamientos Humanos (ONU-Habitat). Para comparar, en 2011 el coeficiente de Brasil, uno de los países emergentes del mundo, era del 0,52.

El Banco Mundial indica asimismo que el Gobierno de Chávez ha erradicado prácticamente la desnutrición, al descender el porcentaje de venezolanos sin la alimentación mínima del 16% del año 2000 al 5% de 2011, es decir, al mismo nivel que otros países como España, Alemania y EE. UU.

 

En cuanto a la sanidad, es destacable que el gasto per cápita ha aumentado exponencialmente, pasando de los 176 dólares de 1998 a 663 dólares en 2012, según las mismas fuentes.  Y en cuanto la educación, la Unesco ha declarado al país como “libre de analfabetismo” al caer la tasa del 9,1% al 4,9%.

En cuanto a los datos macroeconómicos, el desempleo descendió  del 14,5% de 1999 al 7,6% de 2009.; la economía venezolana creció un 42,5% entre el año 2000 y 2011 y el PIB per cápita ascendió un 10,5% de 1998 a 2011. Sin embargo, en contraste con esos datos, la inflación se mantiene aún como una de las más altas del mundo, luchando una agobiante inflación de dos dígitos desde 1986.

Los gobiernos tanto de Chávez como Maduro crearon programas de salud, de alimentos baratos y subsidiados y educación para los más pobres. Además, recortaron las salvajes desigualdades sociales de un país rico lleno de pobres, sin embargo la criminalidad de las calles casi se ha triplicado en la actualidad.

La situación actual de Venezuela puede tener distintas lecturas, sin embargo, la injerencia desestabilizadora de potencias extranjeras, como los Estados Unidos, agrava las condiciones políticas y sociales del país bolivariano, al mismo tiempo que los oscuros intereses detrás del intento de imponer a Guaidó cada vez cobran más relevancia.

Categorías:Editoriales

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